sábado, julio 30, 2011

La promesa de Humala

La promesa de Humala

   El nuevo presidente de Perú, Ollanta Humala, saluda en el palacio de gobierno de Lima el jueves pasado, tras jurar su cargo.
El nuevo presidente de Perú, Ollanta Humala, saluda en el palacio de gobierno de Lima el jueves pasado, tras jurar su cargo.
MARTIN BERNETTI / AFP/Getty Images

Esta semana me tildaron de neófita cuando se me ocurrió decir en la radio, Actualidad 1020, que Ollanta Humala tiene la posibilidad de traer más justicia social a Perú sin caer en una política de extrema izquierda. Yo dije que puede que Humala no vaya hacia un “chavismo” y se convierta en el “Lula andino”, en referencia a la política neoliberal del ex presidente de Brasil Lula da Silva.

El comentario de mi crítico fue bien recibido, ya que lejos de ser “jovencita” soy ya “madurita” y no precisamente inocentona. Lo que es increíble es que a estas alturas del camino mirando a Latinoamérica desde la hermosa ventana de Estados Unidos no nos demos cuenta de que si un país sufre de “sequía social”, los ciudadanos le dan la bienvenida a cualquiera que le traiga agua, o que le prometa traerla.

Humala se convirtió el jueves en presidente de Perú con la promesa de traer inclusión social. Muchos consideran este término dubio y han dicho que obviamente encierra doblez. Puede que doblez encierre pero de “dubio” no tiene nada, está bien claro, en Perú no hay justicia social. Mi colega Guillermo Descalzi, a quien conozco bien y por el que tengo respeto, al mismo tiempo que criticaba este término, y apuntaba que Humala trae trastienda, aceptaba que el pueblo peruano vive en condiciones “paupérrimas”.

En un país en que el salario mínimo son 217 dólares al mes, la promesa del presidente Humala de subirlo a 271 dólares es “agua fresca”, como lo es la promesa de pensiones para mayores de 65 años, las guarderías para menores de 3 años con comida pagada y bajar el cilindro de gas doméstico de 35 soles a 12.

Mientras que en los últimos 10 años Perú ha gozado de un crecimiento vertiginoso y a la salida del presidente Alan García el país observa 7% en incremento del producto bruto interno, baja inflación, $35,000 millones en exportaciones y reservas internacionales de $47,000 millones, el pueblo sigue pidiendo el “agua” por señas.

Esto no es noticia para las clases pudientes peruanas, que saben que viven muy bien a costa del pueblo mestizo, a quien despectivamente y algunas veces afectuosamente llaman “cholos” o “cholitos” sin importar la edad. Esto me recuerda como en el sur se le llamaba boy a un afroamericano con la cabeza blanca en canas. Lo cierto es que la única oportunidad que tiene este pueblo de expresar su descontento es por medio de la guerrilla o del voto, y este voto nos está diciendo que quiere “agua” para continuar su acelerado crecimiento.

Es muy fácil desde el confort de un salario de 8 dólares la hora, hablar de comunismo en otros países. Como es muy fácil para mi amigo Descalzi, desde su predominancia étnica y social, advertir que vienen malos tiempos con Humala. Eso sí, si Descalzi fuese cholo y pobre y tuviese que trabajar de sol a sol por $217 al mes, con lo rebelde que es, estaría danzando hoy por las calles de Lima, eso sí, con dos cholas a cuestas.

El oyente que me tachó de ”joven ingenua” no sabía que yo he sido mucho tiempo corresponsal en Washington y que he entrevistado y he visto pasar por la Casa Blanca a muchos presidentes latinoamericanos. Yo entrevisté a Alberto Fujimori en el auge de su presidencia. Fui una de las primeras en preguntarle sobre el escándalo Montesinos. Fujimori al oír la pregunta se levantó en plena entrevista e hizo ademán de marcharse, pero lo pensó dos veces y volvió a sentarse.

En ese momento, Fujimori era laureado por Washington como el prodigio peruano, ahora el ex presidente está entre rejas. Por lo contrario, a Alan García, que en su momento lo acusaron de socialista y de comunista, si bien no lo hizo bien en su primer mandato, el pueblo peruano no se equivocó en darle otra oportunidad y hoy se va de la presidencia dejando atrás un país robusto económicamente y en pleno crecimiento. Mi oyente dijo que nadie cambia. García cambió, Fujimori también.

Reconozco que sí puede ser intimidante para algunos peruanos del estrato más alto, contemplar a alguien que amenaza su enorme confort social. El peruano se jacta de que vive fenomenal porque le paga 217 dólares a una mucama, y un poquito más al chofer y al guardaespaldas. Con Humala ahora le tienen que pagar una chispita más. Lo que no se da cuenta que esto previene males mucho mayores como los que tienen otros países.

¿Que estoy simplificando? Sí. ¿Que estoy diciendo verdades? También. Lo cierto es que el pueblo peruano ha decidido darle una oportunidad a Humala. ¿Quiénes somos nosotros para criticarlos o vaticinar lo que va a pasar?. Humala puede que se convierta en un Chávez pero puede que tenga el suficiente sentido, y hasta ahora lo ha demostrado con el gabinete que ha seleccionado, de darle un poco de agua a su pueblo para que siga creciendo.

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