por Daniel J. Mitchell
Dan Mitchell es académico titular del Cato Institute.
La gente que promueve la lucha de clases se mostró previsiblemente indignada con el hecho de que Mitt Romney
paga únicamente un 13,9% de sus ingresos en impuestos. Esto es,
ciertamente, una señal de inequidad e injusticia. Mientras tanto,
previendo un tema para las elecciones generales, el presidente Obama
en su discurso del Estado de la Unión mencionó que los "millonarios y
multimillonarios" deberían contribuir al menos el 30% de sus ingresos al
fisco.
Esa es una mala política fundamentada en datos imprecisos.
Hablemos primero de los números erróneos. Los impuestos
sobre las ganancias de capital y sobre los dividendos son ambos formas
de doble imposición. Esos ingresos ya están tasados en una primera
instancia con el impuesto de renta corporativo del 35%. Así que los
impuestos reales de Mitt Romney están cerca del 45%. Si se añade el
impuesto sobre los bienes raíces a la ecuación, la tasa efectiva
comienza a aproximarse al 60%.
He aquí una analogía sencilla. Imagine que usted gana $50.000 al año y su patrono retiene $5.000 por concepto del impuesto de renta personal.
¿Cómo se sentiría si el fisco le dijera entonces que su ingreso es de
$45.000 y que tiene que pagar impuestos sobre esa cantidad, sin poder
incluir los $5.000 retenidos al momento de firmar la declaración de
impuestos? Usted estaría indignado, reclamando con toda razón que
debería permitírsele contar esos impuestos retenidos.
Bienvenido al mundo de la doble tributación.
El enfoque de Obama también constituye un mal análisis económico. Cada teoría económica —incluso el socialismo y el marxismo— concuerda en que el ahorro y la inversión
son la clave para el crecimiento a largo plazo y el aumento en el nivel
de vida. Así que, ¿tiene sentido privar a la economía de capital
productivo con el establecimiento de niveles punitivos de doble
tributación? Peor aún, la doble tributación significa transferir
recursos a los burócratas en Washington, donde serán malgastados en programas ineficientes y despilfarradores.
Los estados benefactores de Europa están al borde del colapso debido a la mentalidad de que el gasto público es mejor que el ahorro e la inversión privada. ¿Acaso debe EE.UU. copiar su fracaso?
La mejor manera de garantizar tanto equidad como crecimiento es mediante un impuesto de tasa única (flat tax).
Nos debemos deshacer de las 72.000 páginas de corrupción y complejidad
del código tributario y reemplazarlas con un impuesto de tasa única del
tamaño de una estampilla. Un flat tax bajo sin doble tributación
representaría una buena noticia para la economía y la competitividad.
Y si Mitt Romney gana 100.000 veces más que yo, pagará 100.000 veces más en impuestos.
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