lunes, agosto 08, 2011

El cuento revolucionario por terminar…

Por René Núñez

Analítica

Son muy buenos cambiando nombres y hablando del pasado y del futuro. Le temen recordar el presente. Muy semánticos. Inmodestos en el hablar y escasos en el obrar. Lo de hoy, lo esquivan, porque muy poco tienen que mostrar. Cuando se lo recuerdan buscan los chivos expiatorios de siempre: el imperio norteamericano, la burguesía, el capitalismo para imputarle toda la responsabilidad de sus desaciertos y fracaso en general.


Su incapacidad para crear, construir, resolver, incluir, dialogar, estimular y propiciar encuentros productivos serios, transparentes y convenientes a los intereses del colectivo, es su característica principal. Prefieren la mediocridad que la inteligencia, la lealtad incondicional que la libertad, el autoritarismo que la alternabilidad democrática.

Los slogans revolucionarios puestos de moda sustituyen las ideas creativas y libres del pensamiento. Por intermedio de ellos esconden mensajes subliminales para despertar resentimientos y rencores entre ciudadanos, alentando siempre la lucha de clases como excusa ideológica.

Con la llegada al poder de los golpistas del 4 de febrero por la vía electoral en 1998, comienza a ponerse en práctica la estrategia de la constituyente para dejar sin efecto la Constitución del 61, e imponer una nueva favorable para la instauración del proyecto autoritario; sin embargo no lo lograron en esa oportunidad por la resistencia mayoritaria de sus primeros aliados.

El comandante no tardó mucho tiempo para insistir con una nueva reforma constitucional, esta vez ordenó al CNE realizar un referendo en la búsqueda de su legitimación; resultado que de nuevo le fue adverso por el rechazo contundente de la mayoría del pueblo. Más adelante, la oposición comete el disparate de no ir a las elecciones parlamentarias, coyuntura que no desperdició desde entonces Miraflores para imponer por parte mediante leyes su adefesio ideológico violando la Constitución por una parte, e irrespetando la voluntad popular expresada con el referendo, por otra.

“Sin querer queriendo” se sigue adelante con la idea de fusionar Venezuela y Cuba en una sola nación (Venecuba), si bien es cierto su progreso ha sido lento, no es menos cierto la cosa va tomando cuerpo cada día.

No es la primera vez que el anfitrión lo ha dicho y lo ha proclamado sin reserva alguna. Y como diría Beto Perdomo “Si lo dice el comandante es verdad, es verdad, es verdad”


Lo triste de esta macabra historia política, es que a esta altura del proceso revolucionario, una casi mitad de los venezolanos dicen sentirse felices por los logros hasta ahora mostrados por la revolución. Están tan convencidos, entre otros, como el ministro de Planificación y el director del INE, que ven por doquier resultados positivos: No hay presos políticos, los que hay son políticos presos por delitos cometidos, hay plena libertad de expresión y opinión, no se han cerrado televisoras ni radios; los periodistas jamás han sido vejados o reprimidos; la economía sigue creciendo y produciendo como nunca, el 80% de los productos que se consumen son hechos en socialismo comunismo venezolano, por tanto, no hay necesidad alguna de gastar divisas; el poder adquisitivo se revaloró 1.700%, los mercados atiborrados de artículos de todo tipo para escoger según el gusto, la calidad y los precios; hoy se cuenta con los mejores sistemas de transporte, avenidas, carreteras, puentes que enlazan el norte con el sur y el este con el oeste del país; el billón de dólares recibidos por renta petrolera se invirtió en su totalidad dentro del país, allí está Guayana un ejemplo de crecimiento industrial donde todas las empresas del Estado presentan balances positivos, con trabajadores contentos y satisfechos por las mejoras salariales y reivindicaciones socio económicas alcanzadas a través de las negociaciones en paz por la dirigencia sindical; con unos accionistas clase “B” de Sidor recibiendo trimestralmente sus excedentes de caja a valores creciente y constante superiores a los recibidos del Consorcio Amazonas; atrás quedaron los recuerdos de las mafias de la cabilla y del aluminio, con una CVG y un ministro del Miban eficiente, honesto, reconocido por la masa laboral; las empresas petroleras igual de productivas, Pdvsa con sus propias inversiones elevó la producción a 5 millones de barriles diarios con una nómina de menos de 40 mil trabajadores; ningún gobierno había construido viviendas dignas y accesibles como el de turno, imponiendo récord mundial al superar la cifra de 4 millones en 3 años; las inversiones nacionales e internacionales se multiplicaron alcanzándose de nuevo el pleno empleo; se redujo el tamaño del gasto público y la ayuda asistencialista del Estado, dedicado a otras responsabilidades mejores y estratégicas como la educación y la salud.

La inclusión social se impuso sobre la exclusión, había ahora seguridad social y jurídica; los índices de delincuencia y de corrupción se redujeron significativamente; se construyeron reformatorios carcelarios dignos, cómodos y modernos; las deudas externa e interna se cancelaron; el PNUD evaluó la gestión pública en positivo incluyéndonos dentro de los primeros 20 países con mejor calidad de vida integral en el mundo, y primero de América Latina.

La revolución bonita de Chávez era ya una realidad y ejemplo para el resto del mundo; desafortunadamente todo esto fue un cuento de mal gusto, pues todo lo contrario; la mayoría del pueblo está harto y ya tomó por adelantado la sabia e inteligente decisión de votar en el 2012 en contra de esta farsa, de esta piadosa mentira, donde los únicos vivos que se aprovecharon de nuestros recursos fueron los gobiernos de: Cuba, Nicaragua, Ecuador, Bolivia, China, Rusia, Bielorrusia, Irán, Libia, Siria, Brasil, las FARC, entre otros, y los boliburgueses que la revolución creó a expensas de los 10 millones de pobres.

La responsabilidad no es del viento

Por María Blanco

Instituto Juan de Mariana

Durante las dos últimas semanas, los ciudadanos españoles hemos asistido a un espectáculo vergonzoso. La situación económica se agravaba a pasos agigantados; la prima de riesgo escalaba hasta más arriba de los míticos 400 enteros; la subasta de la deuda soberana se zanjaba a un precio un 12% mayor a la del mes pasado... y nuestros políticos correteando de un sitio a otro haciendo que hacen algo pero sin capacidad para mover un dedo, por diversas razones.

Decía Frank H. Knight en su trabajo Riesgo, Incertidumbre y Beneficio (1921) que la función del empresario consiste en asumir el riesgo que no se puede compensar, que no se puede asegurar. En su obra distingue entre "riesgo" (que es aleatorio con probabilidades conocidas) e "incertidumbre" (que es un fenómeno aleatorio con probabilidades desconocidas) y destaca sobresalientemente el papel del empresario en la economía. Cuando la empresa era pequeña esa incertidumbre estaba asociada al hecho de apostar tu dinero en una empresa que no sabes si va a ser una ruina o no. Pero cuando la empresa crece y se vuelve más compleja, aparece la figura del gestor, que será el que tome efectivamente las decisiones empresariales. ¿Ha cambiado de hombros la carga del riesgo-incertidumbre? No, dice Knight. El riesgo ha evolucionado, pero siempre recae en quien se juega el dinero. Ahora la incertidumbre se proyecta en la elección de ese gestor que debe llevar a buen puerto la empresa. Pero Knight deja claro que siempre se trata de tomas de decisión respecto a los medios, nunca respecto a los fines empresariales, porque los fines están determinados por el soberano: el consumidor.

Esta teoría del empresario me hace pensar la parte de responsabilidad que tenemos en la situación económica actual. Hay muchas diferencias entre la política y la empresa. En política, los ciudadanos somos los que ponemos el dinero y los consumidores a un tiempo. Es decir, establecemos los fines y contratamos al gestor que debe poner los medios para alcanzarlos.

En los últimos tres meses se ha duplicado la cantidad extra que pagamos debido a que nuestra deuda es riesgosa. Ha pasado de 200 a 400 puntos enteros. Y nadie paga las consecuencias. Los malos gestores no son solamente los ministros de economía de esta legislatura, que verdaderamente parecen empeñados en hundirnos. Sino también de aquellos políticos que pudiendo, no hicieron la reforma laboral ni arreglaron las cuentas de las autonomías, o el sistema de pensiones. Todos ellos. Y los políticos de todas las comunidades autónomas que han inflado con operaciones por debajo de la mesa la burbuja inmobiliaria. Y esos gestores de comunidades autónomas y de municipios que gastan más de lo que se puede y fuerzan la deuda en vez de ajustar el presupuesto, como cualquier ama de casa sensata haría.

Tenemos responsabilidad en cuanto a los fines que mueven a nuestros políticos porque hemos favorecido a los que nos aseguran el corto plazo pero no se fijan el largo plazo. Y eso significa que hemos preferido subvenciones a tutiplén a costa de endeudarnos. Hemos preferido los excesos de hoy sin pensar en mañana, y hemos elegido al que prometía el cielo aquí y ahora, aun sabiendo que eran cantos de sirenas.

Los fines no deben estar en manos de nuestros políticos. Su fin debe ser nuestra libertad. En el momento en que el gobierno nos adoctrina a nosotros y a nuestros hijos, nos dice qué comer, trata de manejar nuestras costumbres sexuales, y se mete en terrenos que no son suyos... y nosotros lo consentimos. ¿De qué nos extrañamos?

Obviamente el castillo de naipes de la economía se ha caído al primer golpe de viento (que ya nos advirtió el presidente lo poderoso que es) y lo que suceda ya no depende tanto de lo que hagan nuestros políticos, porque ya nadie se cree sus reformas. Dependemos de la confianza que inspiramos en el mercado, de lo que hagan los demás, de lo que pase en nuestro entorno. Esa es la impresión que se tiene.

Lo aterrador es que no hay muchas esperanzas de que la posible alternativa vaya mucho más allá. Tal vez tome las medidas necesarias para salir del hoyo, consiga que recobremos la confianza de nuestros vecinos, pero ¿hasta cuándo? ¿Hasta que se aseguren la poltrona? ¿Y luego? Pues eso: a seguir cebando al monstruo como ya hicieron cuando tuvieron ocasión. Llevaron a cabo mejoras económicas, sí, pero no tuvieron el coraje de emprender las reformas que habrían impedido que esta crisis nos perjudicara tanto: el mercado de trabajo, la reforma de las pensiones, la ordenación territorial, la independencia judicial, la ley electoral.

Tal vez este trago tan amargo nos haga mirarnos al espejo y entonar, en la medida que nos toque a cada cual, el mea culpa.

Las virtudes de una enmienda de presupuesto desequilibrado

Balanced-budget Por Alexander T. Tabarrok
El Instituto Independiente

Una cosa es cierta respecto del acuerdo alcanzado esta semana para elevar el límite de la deuda: Los déficits no van a desaparecer. Aun si el acuerdo es plenamente aplicado, no equilibrará el presupuesto de los EE.UU.. Los déficits seguirán aumentando junto con el gasto. Antes del acuerdo, la Oficina de Presupuesto del Congreso se encontraba proyectando un gasto del gobierno federal de 46,06 billones de dólares (trillones en inglés) durante los próximos 10 años. Con el acuerdo, el gasto sólo cae a 43,66 billones de dólares y eso asumiendo que los futuros políticos prosigan con los recortes prometidos.

El público está harto de los repetidos fracasos para poner a la casa financiera de los EE.UU. en orden. Una reciente encuesta de CNN mostró que casi tres de cada cuatro estadounidenses apoyaban una enmienda constitucional para equilibrar el presupuesto. Si los políticos no son virtuosos entonces, dice la teoría, debemos sustituir a la virtud con la ley. (Los 10 principales momentos decisivos para el gobierno).

El problema es que durante una recesión no es el mejor momento para elevar los impuestos o recortar el gasto, que es lo que usted se vería obligado a hacer cada vez que enfrente una mala racha económica si tuviésemos una enmienda de equilibrio presupuestario. Los economistas keynesianos consideran que el gasto durante una recesión puede estimular la economía. Pero incluso si uno se muestra escéptico ante este argumento, está claro que los impuestos caen durante una recesión y el gasto precisa incrementarse, a medida que más personas necesitan seguro de desempleo y beneficios del Medicaid. ¿De qué sirve tener un seguro de desempleo si se lo debe recortar durante una recesión?

Así que en lugar de una enmienda de presupuesto equilibrado propongo una idea que podría ser mejor, una enmienda de presupuesto desequilibrado. Como ahora, una enmienda de presupuesto desequilibrado (unBBA por su sigla en inglés) le permitiría al gobierno incurrir en déficits durante una recesión. Pero a diferencia de ahora, la enmienda de presupuesto desequilibrado requeriría que el gobierno tenga un superávit presupuestario en los buenos tiempos. Así que, aunque la unBBA permite el gasto deficitario en cosas como el desempleo y los cupones de alimentos durante una recesión, tendría efectos similares a los de una enmienda de presupuesto equilibrado a lo largo del tiempo debido a que los excedentes en los buenos tiempos serían gastados en los malos. Los excedentes, sin embargo, llegarían cuando podemos darnos el lujo de tenerlos, es decir durante un auge y los déficits llegarán cuando más los necesitemos, o sea durante una recesión.

La idea de una enmienda de presupuesto desequilibrado no es nueva. Al gobierno de Suecia se le ha exigido desde el año 2000 presupuestar un superávit del 1% durante el ciclo económico. Desde la implementación de su unBBA, Suecia ha logrado equilibrar su presupuesto y creado un excedente.

Incluso fuentes más antiguas apoyan una unBBA. En la Biblia, José no aconseja al faraón equilibrar el presupuesto, en su lugar le dice que ahorre durante los siete años de vacas gordas de modo tal de estar preparado para los siete años de vacas flacas. Una enmienda de presupuesto desequilibrado refleja esta simple y antigua sabiduría.

¿Es segura la frontera entre EU y México?

Las consecuencias de la caída de la bolsa

Estalla artefacto en ITESM-Edomex; hay 2 profesores heridos

SA@TAC - Downgrading Liberalism

Las bolsas se desploman pero Obama se muestra optimista

No entre en pánico por la caída de las bolsas

BURTON G.MALKIEL

"¡El cielo se está cayendo! ¡El cielo se está cayendo!" La advertencia de Chicken Little podría parecerle a algunos observadores particularmente apta hoy. Discrepo. Esta es no es una repetición del colapso del mercado en 2008. Y la venta bajo el efecto del pánico de las acciones estadounidenses demostrará ser una respuesta muy inapropiada.

La pronunciada caída en los precios bursátiles de la semana pasada ha renovado los temores de que la economía se dirige a una recaída. El crecimiento se ha reducido a una velocidad casi nula, y el Producto Interno Bruto creció menos de 1% anual en el primer semestre. El gasto real de los consumidores ha sido negativo en los últimos dos trimestres. De la misma manera en que un ciclista arriesga caerse cuando su bicicleta pierde abruptamente el impulso, la economía está peligrosamente cerca de volver a caer en recesión incluso antes de que se haya consolidado una verdadera recuperación. Y ahora Standard & Poor's rebajó la calificación de riesgo crediticio de Estados Unidos , citando un progreso inadecuado en Washington en la solución de problemas fiscales de larga data.

Getty Images

Los vientos en contra de la economía son muchos. Los consumidores todavía están excesivamente endeudados y las finanzas de los hogares están en un equilibrio precario. Los precios de las viviendas, luego de drásticas caídas, amenazan con bajar todavía más. El efecto ha sido un gran golpe al patrimonio neto de los hogares y ha impedido una recuperación en la construcción, que normalmente juega un papel estelar en las etapas iniciales de cualquier expansión económica. La tasa de desempleo está estancada por encima de 9% e incluso los analistas más optimistas divisan escasas posibilidades de un descenso significativo, aunque una tibia recuperación económica se reanude en la segunda mitad del año.

Por si esto fuera poco, Europa no ha solucionado realmente sus problemas económicos. Las perspectivas de crecimiento son sombrías. En EE.UU., las políticas del gobierno son disfuncionales e impotentes para ayudar a reducir el desempleo. Aunque cualquier restricción en el gasto producto del reciente acuerdo presupuestario tendrá efecto más adelante, se espera que la política fiscal sea significativamente menos estimulante en los próximos trimestres. La política monetaria, que ha empujado a las tasas de interés casi a cero y a las tasas de la deuda pública estadounidenses a 10 años a 2,5%, parece haberse quedado sin municiones. Y, por supuesto, la fuerte caída en los precios de las acciones tiene un efecto patrimonial negativo y consecuencias perniciosas para la confianza de los consumidores.

¿Es el momento de vender todas sus acciones, que todavía están muy por encima de sus mínimos de 2009?

Pienso que no. Nadie puede predecir la evolución de la bolsa en esta y en las próximas semanas. Las acciones pueden continuar su caída, pero creo que sería un grave error de los inversionistas entrar en pánico y vender. Hay varias razones para ser optimistas respecto a que en el largo plazo veremos valoraciones en el mercado más altas, no más bajas.

En primer lugar, creo que las acciones hoy en día son baratas. La relación precio- ganancia supera apenas 13 y el cálculo de esa relación a futuro, que utiliza las ganancias pronosticadas, ha caído a menos de 12. Esos múltiplos son bajos en relación a los antecedentes históricos y son especialmente bajos en comparación con el rendimiento del bono estadounidenses a 10 años que se ubica en 2,5%. Los rendimientos de dividendos de 2,5% también se comparan favorablemente con los valores a 10 años. Los múltiplos no parecen baratos en relación a las ganancias promedio a 10 años, pero las utilidades de hoy son tanto más altas que que un promedio de 10 años no es una buena estimación de la capacidad de ganar dinero de las empresas.

Asimismo, la estructura de las ganancias de las empresas estadounidenses refleja cada vez más la actividad económica en el extranjero— incluyendo a los mercados emergentes de crecimiento acelerado— más que la actividad en EE.UU. Esa es la razón por la que las ganancias corporativas han estado incrementándose tan rápidamente a pesar del tibio crecimiento en EE.UU. Para las grandes multinacionales estadounidenses, el crecimiento en los mercados emergentes será el factor determinante en el crecimiento de sus ganancias. Para muchas compañías, lo que pasa en China, India y Brasil es más importante que la incapacidad de Europa de poner su casa en orden o la parálisis de EE.UU. y Japón.

No cabe duda de que nuestra economía atreviesa por un serio problema. El enorme volumen de desendeudamiento que se necesita después de la burbuja inmobiliaria de comienzos de la década pasada solamente puede ser logrado con el tiempo. Afortunadamente, las cuentas de los hogares están mejorando. La relación entre deudas e ingresos ha mejorado considerablemente desde 2008, aunque todavía tienen mucho para mejorar. Los pagos por servicio de deuda de los hogares en relación a los ingresos han caído fuertemente a los niveles de los años 80 y 90. El reciente descenso en los precios del petróleo también ayuda a la situación financiera de los consumidores. Y los balances de las empresas están inusualmente saludables.

El sólo hecho de acabar con el exceso de viviendas en el mercado llevará un largo tiempo. Pero si hay un punto positivo en el panorama del mercado inmobiliario es que la accesibilidad de comprar una casa está en un nivel récord. Con alguna mejora real en el mercado laboral podríamos ver un alza sustancial en las ventas de viviendas.

Sí, tenemos problemas, pero la actual situación no guarda ningún parecido con la de 2008. Y para los que creen que la caída en la bolsa predice una nueva recesión, no hay que olvidar la frase del fallecido economista Paul Samuelson: "La bolsa predijo nueve de las últimas cinco recesiones".

Una fuerte dosis de modestia es claramente necesaria. Todos necesitamos ser conscientes de los límites de nuestra capacidad para predecir los precios de las acciones. Nadie le puede decir cuándo la bolsa terminará su caída, pero hay algunas cosas que sabemos. Los inversionistas que vendieron sus acciones en momentos en los que hubo caídas muy pronunciadas en el mercado invariablemente se equivocaron. Tenemos abundante evidencia de que el inversionista promedio tiende a poner dinero en el mercado cuando está en sus máximos o cerca de ellos y tiende a vender durante los períodos de caídas extremas y volatilidad. A lo largo de prolongados períodos, el mercado accionario de EE.UU. ha provisto retornos promedio generosos. Pero el inversionista promedio ha ganando sustancialmente menos que el retorno del mercado, en parte por haber tomado decisiones inoportunas.

Mi consejo a los inversionistas es que se mantengan firmes. Nadie nunca se volvió rico por ser un pesimista a largo plazo sobre la evolución de EE.UU. y dudo que alguien lo vaya a hacer en el futuro. Esta es todavía la economía más flexible e innovadora del mundo. De hecho, es en momentos como este cuando los inversionistas deberían considerar rebalancear sus portafolios.

Si las alzas en los precios de los bonos y las caídas en los de las acciones han producido una asignación de activos que sobrepondera a la renta fija de lo que es apropiado según su horizonte de tiempo y su tolerancia al riesgo, venda algunos bonos y compre acciones. De aquí algunos años va a estar contento de que lo hizo.

Malkiel, profesor emérito de Economía en la Universidad de Princeton, es el autor de "A Random Walk Down Wall Street", traducido como "Un paseo aleatorio por Wall Street".


¿Militares a la PGR?

No pocos delegados obtienen el cargo gracias a presiones, recomendaciones o sugerencias del gobernador en turno.

Ricardo Alemán

En los pasillos de la PGR la versión es generalizada. Se dice que para ocupar las plazas de los 21 delegados despedidos fueron convocados mandos militares. Sin embargo, hasta la tarde de ayer la versión no había sido confirmada.

En todo caso, no sería la primera vez que a la PGR llegan militares para ocupar los mandos superiores. En realidad durante el gobierno de Vicente Fox se habló de la militarización de la PGR, ya que el titular fue nada menos que el general Rafael Macedo de la Concha, de no grata memoria para la institución.

Sin embargo, la verdadera interrogante parece estar orientada a la poca credibilidad y confianza que se tiene a los civiles en cargos estratégicos y de profunda autonomía, como el de representante —delegado— de la institución en cada una de las entidades del país. ¿Por qué razón tendría sentido que el cargo de “delegado de la PGR” estuviera encomendado a militares de cierto rango? La respuesta ya la dio la Procuraduría.

Y es que, al llevar a cabo una “limpia” de dos tercios de los delgados de todo el país, el mensaje que se envía es de incapacidad, ineficiencia, improductividad y, en el extremo, de corrupción de los delegados despedidos, muchos de los cuales tenían años en el cargo, en distintas plazas, y en algunos casos no habían aprobado en todo ese tiempo los exámenes de confianza.

Porque es un secreto a voces que la “limpia” que emprendió la nueva titular de la PGR, la maestra Marisela Morales, se debió en buena medida a que los delegados despedidos no aprobaron uno o más de los reactivos aplicados en los exámenes de confianza. En no pocos casos el nivel de vida del delegado en cuestión no correspondía con los ingresos reportados por su actividad como servidores públicos y, en un caso extremo, uno de los despedidos de plano confesó ingresos poco claros.

Pero el asunto —y la crisis que vive la PGR— tiene mucho más de fondo. Resulta que pocos saben que el delegado de una dependencia federal, como la PGR, se mueve en su responsabilidad del día a día, literalmente, entre la lealtad a dos o tres jefes. Es decir, el delegado se debe, en primer lugar, a su responsabilidad con la dependencia de origen, en este caso la PGR.

Sin embargo, ya en el desempeño de su actividad, un delegado debe lidiar con el gobernador en turno, sea del PAN, del PRD o del PRI. De hecho, no pocos delegados obtienen el cargo gracias a presiones, recomendaciones o sugerencias del gobernador en turno. Y aquí vale la pena recordar que, luego de la caída del poder presidencial inaugurado por el priato, los gobernadores se convirtieron en señores feudales que hacen y deshacen a su antojo.

Y si es posible, mejor, que todo lo que tenga que ver con el gobierno federal se haga lejos del ojo —precisamente— federal. Así que los señores feudales que gobiernan en las 31 entidades del país imponen a sus delegados —cuando se puede, claro—, y en casos contrarios los cooptan, compran o, de plano, los corrompen. ¿Por qué creen que a la PGR le cuesta tanto trabajo hacer efectiva la atracción de un asunto escandaloso? Por eso, porque los gobiernos estatales prefieren echarle tierra a todo. Con la complicidad, claro, del delegado en cuestión.

Pero hay más. Resulta que, durante años, la PGR peleó por que fuera legal la utilización de las escuchas telefónicas. Una vez que se consiguió dar ese paso —que en democracias avanzadas es el corazón de las labores de inteligencia—, resulta que es un tema obsoleto en todos los estados del país. ¿Qué quiere decir eso? Casi nada, que ningún delegado de la PGR ha aceptado poner en práctica esa tecnología, capacitar a un grupo de élite y, por tanto, avanzar en las labores de inteligencia a partir de las escuchas telefónicas.

En rigor, los delegados de la PGR son empleados de los gobernadores, sirven a intereses locales, se han convertido en “tapaderas” de los escándalos regionales y de poco o nada le sirven a la PGR.

Pero tampoco ahí termina el asunto. Por increíble que parezca, no existe un manual, procedimiento, reglamento y menos el perfil que debe cumplir un delegado de la PGR en las distintas entidades del país, con la complejidad que cada una de ellas representa. Por lo pronto, se sabe que ya fueron designados los sustitutos de los 21 delegados despedidos. Pero no se confirma o desmiente si son militares, cuál es su perfil, si cumplen o no con los requerimientos de una institución a la que le urge un toque de modernidad. Al tiempo.

EN EL CAMINO

Ayer Sicilia mandó al diablo el diálogo. Hoy pide que se restablezca.

Calculan en 20 mil los menores reclutados por el narcotráfico en México

Los Zetas enrolan a niñas como sicarias y damas de compañía. Son cada vez más frecuentes las detenciones de jovencitas

Agencias
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Perla, como fue presentada por las autoridades, dijo que decidió ingresar al grupo por necesidad



CIUDAD DE MÉXICO, 8 de agosto.- El director de Seguridad Pública de Jalisco, Francisco Alejandro Solorio, aseguró que la detención de una menor de 13 años junto a dos personas acusadas de colaborar con Los Zetas evidencia que el grupo cada vez está reclutando en sus filas más mujeres y menores.

"Nos damos cuenta que cada vez están reclutando más mujeres menores y también tenemos detenidos más menores, desde Veracruz, de Zacatecas y siguen apareciendo menores", señaló Solorio.

El funcionario dijo que su dependencia ha conocido varios casos de jovencitas del vecino estado de Zacatecas que son utilizadas como sicarias y damas de compañía de los grupos armados ilegales que operan en la región.

La detención de la menor y las otras dos personas se dio luego de un enfrentamiento entre la Policía e integrantes del grupo armado ilegal en la madrugada de este domingo en un área rural de la zona Altos de Jalisco, donde el grupo tenía un campamento.

Tras su detención, la menor reconoció pertenecer al grupo y dijo que le pagaban unos cuatro mil pesos por quincena.

Perla, como fue presentada por las autoridades, dijo que decidió ingresar al grupo "por necesidad" y que familiares le habían recomendado salirse de esta actividad.

Durante el operativo en el que fue capturada la menor, la Policía reportó el decomiso de nueve armas, seis fusiles, dos rifles, una pistola, 18 cargadores y 316 cartuchos de diferentes calibres.

Datos de investigaciones dan cuenta de que en México hay unos 20 mil menores de edad en las filas del crimen organizado, sin embargo, no se conocen cifras oficiales.

Uno de los casos más conocidos en el país de menores reclutados por el crimen organizado es el del adolescente de 14 años Édgar “N”, alias El Ponchis.

El menor fue condenado el pasado 27 de julio a tres años de prisión, pena máxima para menores en el estado de Morelos, por el asesinato y tortura de cuatro personas que fueron colgadas de un puente en la autopista México-Acapulco el 22 de agosto del año pasado, entre otros delitos.

"El niño sicario", como también se le conoce en el país, es señalado como integrante del grupo de asesinos a sueldo del Cartel del Pacífico Sur (CPS) y según las autoridades inició su carrera criminal a los 11 años.

Nuestra adicción al Estado omnipresente se tiene que acabar


Tan pronto como se le dio luz verde al Departamento del Tesoro de Estados Unidos para buscar préstamos otra vez, rápidamente se lanzó a la tarea con un préstamo de $238,000 millones más de endeudamiento y con ello alcanzó un hito. Ahora nuestra deuda nacional es de más de $14.5 billones, lo que significa que ha superado el tamaño de toda nuestra economía anual.

El gobierno federal ahora debe más de lo que está produciendo en conjunto cada persona, cada empresa, cada negocio en todo Estados Unidos.

Los mercados financieros se dieron cuenta de inmediato lo desastroso que es tener ese nivel de deuda, especialmente debido a que sigue creciendo y el plan presupuestario no detendrá ese crecimiento canceroso.

La reacción del mercado de valores es sólo otro síntoma que nos recuerda que el último acuerdo sobre el presupuesto de Washington no resolvió nada. Por el contrario, perpetúa un gobierno omnipresente que gasta demasiado.

Ahora tenemos una clara línea divisoria entre dos filosofías opuestas.

Por un lado están aquellos que dicen el gobierno no está haciendo lo suficiente y que por eso nuestra economía se ha estancado con millones de personas sin trabajo.

Pero el otro lado sabe cuál es el verdadero problema: Es que nos hemos convertido en adictos al Estado omnipresente. Y esa adicción está haciendo que nuestra economía enferme y destruyendo la capacidad de lograr que la gente vuelva a trabajar.

Por ello, para arreglar nuestra economía, tenemos que romper el hábito de recurrir al Estado omnipresente.

Degradaron la calificación crediticia AAA de Estados Unidos


El viernes, 5 de agosto, Standard & Poor’s (S&P) rebajó la calificación crediticia de Estados Unidos desde AAA –la mejor de su clase—hasta AA+. De un plumazo, S&P envió dos mensajes distintos y de gran alcance. En primer lugar, como la Fundación Heritage y muchos otros advirtieron, las reducciones del gasto en el acuerdo negociado por el presidente Obama para subir el límite de la deuda eran total y infortunadamente inadecuadas. En segundo lugar, la economía global, la economía nacional y las finanzas de los estados, todas a su manera, han recibido un durísimo y aterrador golpe de efecto.

Un perdido estándar de excelencia

Durante décadas, la deuda del gobierno de Estados Unidos había sido considerada el estándar de oro de la calidad crediticia. Los libros de texto se referían a los bonos del Tesoro de Estados Unidos como el “activo libre de riesgo” contra el cual se comparaban todos los demás. Esos días ya se fueron, al menos por ahora, debido a que el gobierno de Estados Unidos ha acumulado rápidamente deuda sobre deuda y, en su actual trayectoria, no da señales de tener inclinación alguna de parar.

Dadas las circunstancias, sin una cambio fundamental de curso en la política pública, se hizo inevitable una rebaja de calificación crediticia con la que habían amenazado en repetidas ocasiones; lo único en entredicho es el momento de hacerlo saber.

El presidente Obama y sus aliados dentro y fuera del Congreso no se merecen toda la culpa de que nos hayan degradado la deuda. Programas de derechos a beneficios imposibles de financiar se fueron diseñando congreso tras congreso y presidente tras presidente, y se iba haciendo caso omiso de sus tremendos peligros fiscales para el futuro. Hay que reconocer que el presidente George W. Bush intentó reformar el problema menor del Seguro Social, gastándose prácticamente todo el capital político adquirido en su sólida re-elección, sin embargo, incluso muchos de sus aliados en el Congreso no querían saber nada de reformas. Y así, los hechos básicos con respecto a las decenas de miles de millones en obligaciones no financiadas del Seguro Social, Medicare y Medicaid siguen allí y nadie lo disputa.

Aunque no es el único culpable, el presidente Obama y sus aliados indudablemente son culpables de forma muy destacada. Con un déficit presupuestario de rápido crecimiento en el año 2009, el presidente Obama impulsó un programa de masivo estímulo fiscal seguido por una sucesión de iniciativas menores. Como demuestra con toda claridad el anémico estado de la economía, estos programas fracasaron miserablemente – excepto que lograron el aumento del gasto federal y de la deuda nacional.

A continuación, el Presidente impulsó su desastrosa y muy impopular reforma del sistema de salud. En el papel, estas reformas dan la apariencia de mejorar modestamente la situación fiscal. Pero como el informe de los administradores de Medicare nos han recordado todos los años después de la aprobación de Obamacare, esta feliz situación es solo una ilusión. Aparte del daño que ya ha hecho y hará a los costos y servicios de la atención médica, desde un punto de vista fiscal, Obamacare en última instancia es solamente otro derecho a beneficios más que no podemos financiar y que se suma a los que ya están en los libros de contabilidad de la nación.

Una oportunidad perdida

En la lucha reciente sobre el límite de la deuda, la opinión primera del presidente era que el Congreso debería aprobar una extensión “limpia” (o sea sin condiciones) del límite de la deuda, permitiéndole así que pudiera pedir aún más préstamos y ver cualquier posible reducción del déficit después. La reacción por parte de S&P demuestra sin lugar a dudas lo equivocado que el presidente estaba. Y la nación lo sabía. Rara vez se ha visto al pueblo americano más comprometido y preocupado por una cuestión de política fiscal federal. Sin embargo, después de ignorar a su propia comisión fiscal, muy destacada aunque fatalmente equivocada, y después de ofrecer un presupuesto en enero que no tocaba en absolutamente para nada estos temas críticos, el presidente le dijo al Congreso: No se preocupen, sean felices.

En el curso de las negociaciones sobre el límite de la deuda, los republicanos del Congreso trataron incansablemente de que el presidente y los demócratas del Senado se tomaran en serio lo de la reducción del gasto. Todo lo que Obama y el líder de la mayoría del Senado, Harry Reid (D-NV), pudieron hacer fue darle a la matraca de los simbólicos aumentos de impuestos a los ricos, a las empresas petroleras y se les dio por atacar los aviones corporativos. Para ser claros, a pesar de la peligrosa situación de las finanzas de la nación, el único objetivo del presidente era ideológico y simbólico: Incluso si los republicanos hubiesen cedido en el asunto del aumento de los impuestos, que sabiamente se negaron a hacer, el aumento de la recaudación habría sido insignificante en comparación con los recortes de gastos que son necesarios. El presidente jugó a politiquear aunque la calificación crediticia del país se fuera al garete – y eso es justamente lo que sucedió.

El que los líderes republicanos del Congreso deberían haber forzado mayores recortes de gastos antes de acceder a subir el límite de la deuda es ya un asunto resuelto. S&P lo resolvió. Que hubieran logrado un recorte de gastos más profundo ante el politiqueo de un presidente y un Senado dominado por despilfarradores no se sabrá nunca. Pero la nación pronto verá las consecuencias.

El fracaso tiene consecuencias

Si lo miramos como un hecho aislado, una rebaja de la calificación crediticia con el tiempo significará un aumento de las tasas de interés sobre la deuda del gobierno de Estados Unidos. Esto puede ser difícil de imaginar, dada la reciente caída en las tasas de los bonos del Tesoro en respuesta a eventos en el extranjero. Pero el aumento de tasas futuras es algo que ciertamente sucederá y eso significa que se necesitará aún más dólares de impuestos federales para pagar los intereses de los pasados excesos del gobierno. Mayores tasas de interés y mayores costos por los interés se traducirán en una mayor presión del déficit, lo que puede significar más deuda que a su vez puede conducir a mayores tasas de interés. Es por eso que eso se denomina una espiral de deuda.

¿Cómo afectará la rebaja de la calificación crediticia de la deuda del gobierno americano a los costos de los intereses que pagan los gobiernos estatales y municipales? Nadie sabe a ciencia cierta pero no puede ser nada bueno. Como cuestión práctica, la deuda del gobierno de Estados Unidos es la base del sistema financiero de Estados Unidos, como punto de referencia, aunque no fuera por otra razón. Las tasas de interés pagadas por gobiernos estatales y locales sólo puede subir como consecuencia de la rebaja de la calificación crediticia, en realidad es una mala noticia para los estados luchando con sus propios déficits masivos debido en parte al fracaso en recuperarse de la economía y de la recaudación del Estado.

No obstante, en la actual economía global, la degradación de la calificación crediticia de Estados Unidos puede ser catastrófica. Antes de la rebaja, Europa ya estaba al borde del precipicio. La semana pasada, las bolsas europeas cayeron un 10%, su peor pérdida semanal desde noviembre de 2008. La crisis de deuda soberana de Europa –engendrada desde hace mucho— que había sido disimulada, sin éxito, solo hace unas pocas semanas atrás por sus líderes, está llegando al punto de ebullición y amenaza llevarse por delante no solamente a los peores actores, como Grecia y Portugal, sino también algunos de los pilares de la Unión Europea, como España e Italia.

Europa tiene este problema de deuda pública europea encima de su problema con la moneda europea encima del problema de crecimiento económico. Pero la crisis financiera de 2007-2009 enseñó una lección importante sobre la intensa interconexión de los mercados financieros globales y que una gran parte de estas conexiones son poco conocidas y muy mal entendidas.

Lo que sucede en Europa no se queda dentro de las fronteras de Europa. ¿Qué puntos débiles revelará esta crisis en las finanzas globales y la supervisión financiera? Nadie lo sabe pero qué momento terrible es para el principal actor del sistema financiero mundial, el gobierno de Estados Unidos, tener que sufrir una rebaja de calificación crediticia totalmente prevenible. Los peligros para la economía mundial, y en concreto para la economía de Estados Unidos, se han incrementado notablemente en el momento en que se degradó la calificación crediticia de Estados Unidos.

Quizá hay una última oportunidad que no debemos perder

El presidente Obama y el Congreso tienen el tiempo y la oportunidad de cambiar el curso de la política fiscal. Estados Unidos puede recuperar su calificación crediticia AAA y comenzar a reparar el daño, pero no debe tardar. El acuerdo del límite de la deuda incluye una provisión para la creación de un Comité Selecto Conjunto para la Reducción del Déficit en el Congreso para recortar por lo menos $1,2 billones en los próximos 10 años.

Es evidente que esta cifra es demasiado baja. El Comité tiene que presentar un informe el 23 de noviembre. Está claro que esa fecha es demasiado lejana. Para muchos, este comité fue diseñado para fracasar. Eso no debe suceder.

El presidente Obama debe ahora hacer las cosas que se ha resistido a hacer hasta ahora. En primer lugar, debe liderar. Nada de discursos grandilocuentes ni más politiquería, nada de empezar a echar culpas y de criticar a los que se le oponen. Por encima de todo, lo que significa ahora liderar es juntar a sus correligionarios y que, unidos, se acerquen al bando republicano para ponerse a trabajar juntos.

En segundo lugar, debe abandonar la lucha ideológica de subir los impuestos. Por un lado, incluso el solo sugerir mayores impuestos cuando el desempleo es tan alto y el crecimiento económico es tan bajo, ya habla de un hombre más comprometido con la política que con el empleo. La Fundación Heritage, como sugirió al presidente Obama desde el inicio de su mandato, debe suspender su deseo de subir los impuestos por lo menos hasta que la economía se haya movido mucho en dirección al pleno empleo. Lo sabio que sea (o no) subir los impuestos se puede discutir una vez que los americanos estén trabajando nuevamente.

Finalmente, el Presidente debería renunciar a su propensión por utilizar las reformas de derechos a beneficios con fines políticos. Debe acabar con eso de asustar a los adultos mayores con sus cheques del Seguro Social y tácticas afines con el seguro médico – elementos básicos del libro de jugadas tácticas del Partido Demócrata. El problema es que ahora tenemos demasiado gasto en el rubro de derechos a beneficios y mucho más aún en un futuro próximo. Los republicanos lo saben. Los demócratas lo saben. Los conservadores lo saben. Los progresistas lo saben. Y ahora también lo sabe la nación.

Una serie de profundas reformas graduales puede recabar el apoyo de ambos partidos y mejorar sustancialmente la sostenibilidad de estos programas y las finanzas de la nación. El presidente debe liderar a su partido para que, unidos con los republicanos en el Comité Selecto Conjunto para la Reducción del Déficit, adopten estas reformas y estar dispuestos a aprobarlas, ahorrando mucho más que los sugeridos $1.2 billones y mucho antes del 23 de noviembre.

Lo podemos lograr

El objetivo de la nación, del presidente y del Comité de Investigación es claro: Reducir el gasto –incluyendo muy en particular los programas de derechos a beneficios— en busca de un presupuesto equilibrado que al mismo tiempo proteja a Estados Unidos y no aumente los impuestos. Hecho correctamente, esto llevaría al crecimiento económico, más empleo, menos gobierno y el recuperación de la calificación crediticia del país. Lo podemos lograr. La Fundación Heritage ya ha detallado cómo se puede lograr en su programa “Para Salvar el Sueño Americano: El Plan de Heritage para arreglar la deuda, reducir el gasto y restaurar la prosperidad”.

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