miércoles, agosto 31, 2011

Gadafi, reservas, libertad de expresión y “timing”
“Timing” se refiere a la habilidad para juzgar el momento preciso o adecuado en una determinada situación o actividad para decidir o hacer algo


Por Orlando Ochoa Terán

Con frecuencia el vocablo anglosajón “timing” se traduce en español como oportunidad, pero su connotación va mucho más allá. Es la regulación de una acción cuyos pasos son medidos y coordinados para que tengan un efecto óptimo.

“Timing” se refiere a la habilidad para juzgar el momento preciso o adecuado en una determinada situación o actividad para decidir o hacer algo. También se define como el arte de regular acciones en relación con otras para producir el mejor efecto tal como se hace en música, teatro, deportes, etc. “Ignition timing” es la sincronización de la chispa de las bujías con el movimiento de los pistones para producir la combustión interna que pone en movimiento un motor.

Un factor común en los funcionarios del gobierno bolivariano en general y del líder bolivariano en particular es la total carencia de esa habilidad para reconocer el timing de una situación. Algunos de los connotados participantes y muchos de los que se abstuvieron en el golpe del 4 de febrero de 1992, han dejado saber que el timing fue equivocado y por ello fracasó. Que la diosa fortuna hubiese intervenido y resuelto los entuertos, es otra cosa.

El problema parece tener su origen en la inexperiencia del presidente Chávez en la Administración Pública cuando llegó al gobierno. Pero resulta incompresible que en más de una década no lo haya desarrollado y la explicación bien pudiera ser esa extraña convicción que lo hace privilegiar la lealtad y considerar la falta de credenciales como el mejor mérito para ingresar a una alta posición en su gobierno.

De esta forma el presidente Chávez ha concentrado todos sus esfuerzos en sobrevivir políticamente olvidando por completo nociones elementales como mantenimiento, planificación, inversión a mediano y largo plazo. Esta negligencia, como lo ha reconocido, se ha extendido a su propia salud. Cuando el tiempo lo alcanzó, las crisis han sido ya inevitables y muy tarde ha caído en cuenta que las soluciones dependen, no sólo de recursos económicos, sino de otro más importante y no renovable: el tiempo. Y desafortunadamente no se puede volver atrás ni una fracción de segundo.

El tiempo asecha
Debido a esta incapacidad para juzgar el momento preciso o adecuado en una determinada situación han sobrevenido las crisis del sistema eléctrico, salud, vivienda, escasez de alimentos, deterioro agrícola, caída de la producción de petróleo, seguridad, el caos del sistema penitenciario y una persistente inflación.

Con este distorsionado sentido del “timing”, en 12 años el presidente Chávez ha realizado cambios en su gabinete, integrado por cerca de 30 ministros, en 183 ocasiones. Si se busca un referente capitalista para compararlo con esta desmesura, acude a la mente el gobierno del presidente Franklin Delano Roosevelt, con la reputación de ser uno de los más eficientes en la historia de EE UU. Roosevelt, con los mismos 12 años en el poder (1932-1945), en medio de la depresión más severa conocida en la historia económica y la turbulencia de los años de la Segunda Guerra Mundial, gobernó un país de 220 millones de habitantes con un gabinete compuesto por 10 miembros que sólo removió a lo largo de 12 años en 16 ocasiones.

Un ejemplo actual de esta incapacidad para juzgar el momento preciso o adecuado lo demuestra la decisión de repatriar el oro y redistribuir las reservas internacionales. En esos momentos colapsaba el régimen autocrático de Gadafi y era público y notorio que activos de Libia estimados en 0.000 millones, colocados entre EE UU y Europa, habían sido congelados en virtud de las arbitrariedades de Gadafi contra su propio pueblo, unido a sus antecedentes patrocinadores del terrorismo.

Esta “coincidencia”, junto con un apoyo único e innecesario al dictador Gadafi, han provocando una automática asociación entre Chávez/Gadafi, Libia/Venezuela que se ha visto reforzada con otra distorsión del “timing”, la persecución al periodista Leocenis García y el cierre del semanario 6to Poder por publicar una caricatura que satiriza a funcionarias públicos. En la doctrina de los derechos a la libertad de expresión esta forma de comunicación es opinión y se conoce como “discurso simbólico”.

Si esto no fuera suficiente, esta repercusión internacional ocurre cuando EE UU y legisladores republicanos procesan el mayor cúmulo de evidencias antidemocráticas y de otro tenor contra el régimen bolivariano, sólo comparable con los asedios a los gobiernos de Panamá, Irán, Cuba, Corea del Norte y Sudán.

“Timing is everything” suelen decir los anglosajones, pero para los bolivarianos sólo tiene valor si se expresa en un reloj Patek Phillipe, Cartier o un Rolex.

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