jueves, julio 14, 2011

¿SERÁ YEMEN UN NUEVO AFGANISTÁN?

¿SERÁ YEMEN UN NUEVO AFGANISTÁN?

Por qué Al Qaeda se siente como en casa en Yemen.

Mientras el presidente de Yemen era atacado en su palacio presidencial, militantes de Al-Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) tomaban el control de la ciudad costera de Zinjibar, declarando unilateralmente un Emirato Islámico de Abyan, región a la cual pertenece la ciudad. Desde finales de Mayo controla la ciudad y gran parte de la zona, imponiendo un gobierno basado en la sharia. Mientras esto pasaba, el Ejército de Yemen se retiraba de Zinjibar para luchar contra la oposición al régimen en Sanaá, la capital del país, dejando a los islamistas el control de esta área.

Yemen se encuentra sumido en el caos, y los únicos ganadores de esta situación son los miembros de AQPA, que buscan el colapso total del país para mantener su expansión por el mismo y sus acciones tanto a escala regional como global. EE UU considera a este grupo como su mayor amenaza, incluso por encima de los grupos afines a Al Qaeda en Afganistán y Pakistán. Debido a ello, la Administración Obama mantiene una campaña de bombardeos secretos en Yemen. Pero, ¿de dónde surge este grupo? ¿Son realmente una amenaza para la seguridad mundial? ¿Hasta qué punto su presencia en este país se ha visto facilitada por el gobierno de Alí Abdulá Saleh? ¿Puede convertirse Yemen en una nueva Somalia o un nuevo Afganistán?

AFP/GettyImages

La conexión afgana y el origen de AQPA

Entre los años 1992 y 1993 miles de yemeníes volvían triunfantes a su recientemente unificado país. Eran los voluntarios árabes que habían ido a luchar a Afganistán contra las fuerzas soviéticas, conocidos por todo Oriente Medio como los “árabes-afganos”. La yihad contra los rusos había derrocado al imperio comunista y la idea de una yihad global había tomado forma en los campos de entrenamiento de Afganistán y Pakistán dirigidos por Osama bin Laden y financiados por Arabia Saudí, los servicios secretos pakistaníes y la CIA. Aunque la mayoría de los países árabes no vieron con buenos ojos el poder y prestigio de estos árabes-afganos que volvían a casa debido a su radicalismo, el recién elegido presidente de la República Unificada de Yemen, Alí Abdulá Saleh, considero su presencia como una gran oportunidad para acabar de imponer su poder sobre el sur del país. En 1994 estalla la guerra civil en Yemen entre el norte y el sur, siendo de gran ayuda para la victoria de las tropas del norte la participación de milicias integradas por árabes-afganos.

Tras la guerra civil, estos grupos se desvincularon del gobierno de Yemen, ya que este no cumplió sus demandas de crear un sistema político más acorde con sus ideales religiosos, en el cual la sharia o ley islámica fuera el código legal del país. Sumado a ello, estos árabes-afganos desconfiaban de la influencia chií en el norte del país. Durante años estos grupos centraron sus actividades en intereses extranjeros tanto en Yemen como en Arabia Saudí, siendo el ataque al USS Cole y el asesinato de varios grupos de turistas las acciones más destacadas. Sin embargo, su yihad no tenía un componente global, y se limitaba a atacar elementos que consideraban impuros en su visión ortodoxa del islam. Al mismo tiempo, muchos de ellos aumentaron su entrenamiento participando en las guerras de Bosnia, Chechenia y sobre todo Irak, volviendo a la península arábiga hacia 2008 tras el fracaso de Al Qaeda en este país.

El perfecto caldo de cultivo yemení

A finales de la década estos grupos de inspiración salafista encuentran un nuevo rumbo en Yemen. Tres factores hacen que experimenten un enorme incremento de su poder. Primero, Anwar al Awlaki, clérigo radical educado en EE UU, se erige en guía espiritual del grupo. En segundo lugar, la organización se reorganiza y refunda, uniendo los grupos que actuaban en Arabia Saudí y en Yemen bajo el nombre de Al Qaeda en la Península Arábiga. Esta nueva organización tiene una visión global, expandiendo su teatro de operaciones a todo el mundo y no solo contra intereses occidentales en Yemen y Arabia Saudí. Por último, AQPA encuentra una base segura de operaciones en un Yemen cerca del colapso. Durante la última década el país se ha ido sumiendo en el caos. Dos rebeliones armadas contra el Gobierno –una en el norte por grupos chiíes y otra en el sur por separatistas–, una crisis económica que tiene al país en una situación casi de bancarrota y un Ejecutivo incapaz de imponerse en gran parte de su territorio han convertido a Yemen en un Estado fallido. Las recientes protestas contra el Gobierno por parte de la oposición y la salida del presidente del país han acabo por sumir definitivamente en el caos a Yemen. Esta situación ha sido fácilmente aprovechada por AQPA para extender su poder.

Al Qaeda luchando en su propio territorio

El grupo armado tiene una singularidad que la distingue de otros grupos afines, y que es una señal de la futura evolución de los grupos yihadistas. Las diferentes vertientes de Al Qaeda tradicionalmente han sido grupos de apoyo a insurgencias locales. En Afganistán la insurgencia talibán recibió entrenamiento, fondos y apoyo táctico y logístico de Al Qaeda. Lo mismo sucedió en Chechenia, Bosnia, Indonesia o Somalia. Los miembros de Al Qaeda se infiltran en la sociedad y aplican sus técnicas de insurgencia.

Sin embargo, los miembros de AQPA se encuentran en su propio territorio, por lo que no tienen que infiltrase en la sociedad para permearla, ya que son parte de ella. Esta diferencia hace que sus miembros se hayan hecho muy poderosos, principalmente dentro del sistema de tribus. Esta es la estrategia seguida por el grupo a lo largo de los últimos años, con cierto beneplácito e incluso apoyo por parte del gobierno de Saleh y con un notable éxito. La situación del país provocó que el gobierno de Sanaá dejara de preocuparse por el crecimiento de este grupo, incluso utilizándolo en su beneficio contra los rebeldes Houthis del norte y separatistas del sur, lo que a la larga ha dado más poder y medios a AQPA en las zonas que el Ejecutivo no tiene bajo control. Además, el creciente descontento tribal con el Gobierno ha hecho que su poder e influencia en las tribus a las que pertenecen sus miembros sea cada vez más grande. Hoy AQPA es una organización perfectamente asentada en la sociedad yemení, con un gran poder gracias a la ausencia del Estado en gran parte del país y capaz de establecer una base de operaciones para extender sus acciones a cualquier punto de la península e incluso del planeta.

AQPA se encuentran en su propio territorio, por lo que no tienen que infiltrase en la sociedad para permearla, ya que son parte de ella

En las últimas semanas la situación se ha complicado todavía más. Con el presidente Alí Abdulá Saleh fuera del país y visiblemente afectado por las heridas producidas en el ataque al palacio presidencial, el país se encuentra descabezado y más incapaz que nunca de controlar su territorio. Esta situación está siendo aprovechada por los grupos afines a AQPA para expandirse por el sur del país. Sus ganancias territoriales en los alrededores de Zinjibar se han incrementado, dándoles más poder y capacidad de movimiento. Al mismo tiempo, la cercanía de Zinjibar a la ciudad de Adén abre a AQPA una puerta a dos de las grandes refinerías de petróleo del país y una salida al mar. El Ejército de Yemen recientemente ha incrementado ligeramente la presencia militar en Adén, sin embargo, el Gobierno está centrando todos los esfuerzos y recursos en la defensa de la capital. Por supuesto, la situación en el sur es utilizada desde la capital para escenificar que sería un Yemen sin Saleh, e igualar a los manifestantes prodemocráticos con AQPA.

¿Hacia un nuevo Afganistán?

AQPA busca, en definitiva, el colapso de Yemen y controlar cada vez más partes del país. Su poder y legitimidad irá en aumento según el Estado se acerque a esta situación. A sí mismo, su capacidad de gobernar ciertas zonas aplicando su ortodoxia islámica probablemente les sumará más legitimidad. Gracias a esta situación, AQPA puede conseguir lo que muchos movimientos ligados a Al Qaeda han intentado durante años, especialmente en Irak; una base de operaciones segura dentro del corazón del islam suní.

Replicar el ejemplo de Afganistán –donde Al Qaeda disfrutó de una base de operaciones, aunque fuera de sus fronteras culturales– dentro de territorio árabe es el gran objetivo de la organización. Esta posibilidad se encuentra más cercana que nunca. AQPA opera dentro de su propio escenario social, al contrario que en Afganistán, Chechenia o Indonesia. Su capacidad para hacerse con el control de los estamentos sociales en Yemen es considerable, siendo más plausible según aumente la situación de crisis generalizada en el país. Las condiciones de Yemen para que esto suceda son sin duda las perfectas. El país se encuentra en una situación de caos político y social. El porcentaje de jóvenes parados que pueden ser fácilmente reclutados por AQPA está cercano al 60% y las posibilidades de mejora socioeconómica son escasas. Al igual que Somalia y Afganistán, Yemen es un país impregnado por la cultura del Kalashnikov, existiendo cerca de tres armas por habitante.

Al igual que Somalia y Afganistán, Yemen es un país impregnado por la cultura del Kalashnikov, existiendo cerca de tres armas por habitante

Sin duda AQPA representa el perfil del nuevo enemigo en la lucha contra el terrorismo. Al contrario que otros grupos afines a Al Qaeda, AQPA puede ser capaz de hacerse con el control de su propio país, en este caso Yemen, y extender sus acciones a otros puntos de la región y del planeta. Por otro lado, la cercanía de Somalia implica una peligrosa asociación de Estados colapsados donde dos grupos armados afines –AQPA y Al Shabbah– pueden colaborar estrechamente.

El Gobierno de Yemen, a fin de aplacar las protestar democráticas, tiene una actitud laxa ante dicho grupo. EE UU ya mantiene operaciones encubiertas contra AQPA en territorio yemení, pero un empeoramiento de la situación en el país puede provocar que la única manera de poner freno a este grupo sea una intervención militar a gran escala, donde los perdedores serían los que luchan por una reforma democrática en el país. Este sin duda es un escenario que nadie querría contemplar, ni en Sanaá ni en Washington, ni en Bruselas ni en Riad, pero el reloj sigue moviéndose y la comunidad internacional ve como todas sus opciones de evitar el colapso de Yemen y el ascenso de AQPA se disipan poco a poco.

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